Indice

Principales características y problemática de la región

Caracterización natural

La Región Valle de México y Sistema Cutzamala (Región Hidrológica XIII) se integra por municipios de tres estados (México, Hidalgo y Tlaxcala) y por las 16 delegaciones del Distrito Federal.

 

La superficie total es de 16,424 km², que representa el 0.8% de la superficie nacional y de acuerdo al Conteo de Población y Vivienda 2005, en la región se asienta una población de aproximadamente 20.5 millones de habitantes, es decir el 20% de la población nacional.

La Región se divide en dos subregiones: Tula y Valle de México.  La subregión Tula con una superficie de 6.7 mil km² (40.9% del total regional) y con una población de 0.9 millones de habitantes (4.4% de la población regional),  se compone por 31 municipios y la mayor parte de su superficie se encuentra en el estado de Hidalgo.

La subregión Valle de México, con una superficie de 9.7 mil km² y 19.6 millones de habitantes (59.1% y 95.6% del regional, respectivamente), se integra por 85 municipios.

La precipitación promedio anual en la región es de 640 mm  (la nacional es de 772 mm).

El grado de presión sobre el recurso hídrico[1] es de 162%, excediendo por más del doble al resto de las regiones del país (El grado nacional es de 15%); la disponibilidad natural media de agua[2] per cápita es de 123 m³/hab/año (la nacional es de 4,573 m³/hab/año).

Las coberturas que se tienen son: agua potable 96.5% (nacional 89.2%), alcantarillado 97.2% (nacional 85.6%), tratamiento 12% (nacional 35 %).

La superficie bajo riego es de 181,300 ha (con aguas blancas: 65,300 ha y con aguas residuales: 116,000 ha).

En cuanto al balance hidráulico, la subregión Valle de México cuenta con una precipitación anual de 214.7 m³/s, de los cuales escurren 23.7 m³/s y se infiltran 31.6 m³/s.  Se aprovecha un gasto superficial de 2.9 m³/s, 59.5 m³/s de acuíferos y se importan 4.8 m³/s del Sistema Lerma y 14.7 m³/s desde el Sistema Cutzamala (un total de 19.5 m³/s), con lo que las fuentes de primer uso suman 81.9 m³/s; la sobreexplotación de acuíferos locales se estima en 27.9 m³/s.  Únicamente se tratan 5.8 m³/s que se utilizan dentro de la cuenca; la descarga aguas abajo es de 50.4 m³/s y los principales usos son el público con 64.7 m³/s; agrícola con 12.6 m³/s e industrial con 4.6 m³/s; mientras el uso de aguas tratadas es de 2.1 m³/s, 3.2 m³/s y 0.5 m³/s, respectivamente.


[1] Organización de las Naciones Unidas (ONU). Comisión para el Desarrollo Sustentable. El grado de presión sobre el recurso hídrico, es un indicador porcentual de la presión a la que se encuentra sometida el recurso agua y se obtiene del cociente entre el volumen total de agua concesionada (4,027 hm3/año) y la disponibilidad natural media de agua (3,144 hm3/año), multiplicado por 100. De acuerdo al indicador, un porcentaje mayor a 40%, indica una fuerte presión sobre el recurso hídrico.

[2] La disponibilidad natural media de agua considera únicamente el agua renovable, es decir, el agua de lluvia que se transforma en escurrimiento de agua superficial y en recarga de acuíferos. De acuerdo a la clasificación mundial para este indicador, una disponibilidad per cápita menor a 1,000 m3/hab/año representa una disponibilidad extremadamente baja.

En el mismo orden de ideas, para la subregión Tula la precipitación es de 114.3 m³/s, con una infiltración pluvial de 11 m³/s y un escurrimiento proveniente de la subregión Valle de México de 50.4 m³/s, del cual, a través del uso agrícola se infiltran 26.5 m³/s en los acuíferos, principalmente en el acuífero llamado Valle de Mezquital.  De la precipitación, escurre un volumen de 13.6 m³/s del cual se aprovecha un volumen de 7 m³/s mediante presas.  De los acuíferos se extrae un gasto promedio de 5.3 m³/s; de las aguas provenientes de la subregión Valle de México, se aprovechan 49 m³/s para la agricultura; el uso agrícola es el que aprovecha un mayor volumen de agua, 55 m³/s; el industrial 4.3 m³/s y el público sólo 2 m³/s; el reuso resulta de 1.8 m³/s, aprovechado por igual entre los usos agrícola e industrial.  Como resultado ocurre una descarga hacia la Región Golfo Norte, específicamente hacia el Río Moctezuma, de 28 m³/s, que en su mayoría permiten la operación de la presa hidroeléctrica Zimapán.

Caracterización social

La población en la región al año 2005 fue de 20.54 millones de habitantes, de los cuales 19.69 millones se ubicaban en localidades de tipo urbano y sólo 0.85 millones en poblaciones de tipo rural. De acuerdo a las proyecciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), la población en la región continuará en crecimiento a un ritmo promedio de 150 mil habitantes por año, lo que para el año 2012 significará un incremento de la población regional en 1.29 millón de habitantes y para el año 2030 de 3.6 millones de habitantes. Por otra parte, en localidades rurales se contempla un incremento de tan sólo 93 mil habitantes al año 2030, es decir un crecimiento medio de 3,700 habitantes por año; en contraste, en localidades urbanas el crecimiento esperado es de 3.51 millones de habitantes, concentrados principalmente en los municipios conurbados de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM). Con esta tendencia, el incremento de la demanda de agua será de 4.5 m3/s al 2012 y de 12.5 m3/s al 2030.

La Región, representa en extensión geográfica, menos del 1% de la superficie nacional; sin embargo en ella vive uno de cada cinco mexicanos y se produce 1 de cada 3 pesos de la actividad económica nacional.  De las trece regiones, es la menor en extensión geográfica, pero es la mayor en población, lo que le confiere una complejidad peculiar, dado que cuenta únicamente con dos subregiones y en una de ellas, Valle de México, se concentra el 96% de su población total.

Debido a la política de centralización de poderes, secretarías y educación, la Ciudad de México creció en su población de forma acelerada hasta los años 80.  Posteriormente la tasa de crecimiento se redujo, sin que esto haya evitado la sobrepoblación, donde más del 50% del agua que se aprovecha proviene de fuentes externas o de la sobreexplotación de los acuíferos. El crecimiento de la mancha urbana de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (que concentra al 91% de la población regional y el 95% de la población del Valle de México), ha ocurrido sin ordenamiento durante las últimas décadas.

Dentro de la subregión Valle de México, reside una población rural de 452 mil habitantes que representa sólo el 2% de la población total en la subregión, mientras que en la subregión Tula, el 45% de la población es rural (399 mil habitantes).

La actividad económica en la región se concentra en la ZMCM donde el sector terciario (servicios) es el máximo contribuyente al PIB.  La ZMCM ha significado un polo de desarrollo y las dificultades de subsistencia en el medio rural, ha dado como resultado una tendencia de crecimiento mínima en dichas localidades, agudizada por la migración hacia los municipios conurbados de la ZMCM o hacia el extranjero.  Dentro de la ZMCM, se prevé un crecimiento en los municipios conurbados, mientras que la zona norte del Distrito Federal lleva su población a la baja y la zona sur de la misma entidad, presenta un proceso de redensificación donde se prevé el crecimiento demográfico.

Hasta hace poco más de seiscientos mil años, fue una cuenca que drenaba hacia el océano Pacífico.  Posteriormente el vulcanismo la convirtió en una cuenca cerrada, donde tuvo su origen el lago de Texcoco. 

 

 

Las crónicas más antiguas describen el lago de Texcoco como un mar rodeado por montañas.  A través de su historia, esta región ha sufrido cambios naturales y posteriormente modificaciones hechas por la civilización, que han repercutido severamente en el ciclo hidrológico.

 

Evolución de la Cuenca

  

__

Estado actual de aprovechamiento de los recursos hídricos

Para el abastecimiento de agua potable, la Región Valle de México y Sistema Cutzamala y específicamente la subregión del Valle de México, depende de la importación de agua desde cuencas externas (Lerma y Balsas).  Se prevé que esta dependencia no desaparecerá, pues los escenarios previstos únicamente ofrecen opciones de sustentabilidad con la existencia de nuevos caudales complementarios; es por ello necesario que la atención a aspectos sociales, legales y ambientales en este proceso, sea el suficiente y el adecuado para evitar la inconformidad y oposición social de los habitantes de las cuencas donadoras, situación que ha obstaculizado la construcción de nuevos proyectos.

El acuífero de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México ha perdido más del 50% de su superficie de recarga, debido al crecimiento de la Ciudad.  Actualmente la mancha urbana invade zonas de recarga, el acuífero Chalco – Amecameca es el que presenta este fenómeno con mayor intensidad (zona sureste del Valle de México).

Problemática existente

El sector agua se encuentra en crisis y demanda acciones contundentes  e inmediatas, so pena de sufrir gran escasez de agua, grandes inundaciones y el estancamiento del desarrollo económico y social en el Valle de México.

Durante los años anteriores y hasta ahora, los esfuerzos por lograr que tanto la sociedad como sus autoridades valoren el agua y coordinen sus esfuerzos para resolver los crecientes problemas y necesidades relacionados con este líquido vital, no han sido suficientes. Como consecuencia, además de la reducción de la disponibilidad hídrica, esta situación ha conferido insuficientes recursos y capacidades para que las instituciones que salvaguardan y manejan el agua, ejerzan una autoridad y protejan los equilibrios ambiental, legal, económico y social.

Las carencias anteriores tienen efectos en gran medida irreversibles, lo que cada vez vuelve más urgente un manejo integrado y sustentable de los recursos naturales.

A nivel nacional, la Región presenta los mayores retos en términos de sustentabilidad, ya que sólo por medio de acciones sin precedentes, se logrará frenar el acelerado desequilibrio que ha ido en aumento durante más de treinta años.  Cabe señalar, que el desequilibrio entre la oferta y la demanda obedece principalmente al incremento de la población de la ZMCM, sin embargo incomprensiblemente en los últimos años se ha intensificado la construcción de nuevas viviendas en la ZMCM y hacia el corredor Tizayuca – Pachuca.

En la segunda mitad del siglo XX, las áreas en donde se concentró la actividad humana, fueron objeto de una degradación ambiental general, es decir, los problemas dejaron de ser puntuales y se extendieron en la totalidad de cuencas y acuíferos.

Con respecto a los problemas ambientales y más aún relacionados con el agua, existe ya un efecto irreversible en las condiciones ambientales originales, por dos cambios cruciales: la desaparición de los lagos y posteriormente, la transformación de los ríos en cloacas y drenes pluviales.  Ni los proyectos más ambiciosos permitirían revertir dichos fenómenos en el interior de la Cuenca del Valle de México.  Asimismo, se reconoce que otros problemas como son la deforestación y el cambio de uso de suelo, avanzan sin freno y reducen las alternativas para mejorar las condiciones de aprovechamiento hidráulico en la región.  Se observa que las dependencias encargadas del manejo ambiental, cuentan con recursos mínimos para desempeñar su función, situación que torna imposible un avance en materia ambiental, donde se logre mejorar el ambiente. 

El 88% de las aguas residuales no recibe tratamiento, afectando al ambiente en general.  Año con año se pierden importantes zonas de bosques y matorrales, así como áreas de cultivo que se convierten en zonas urbanas.

Resulta común la dificultad para reponer pozos de agua potable y para la construcción de obras de abastecimiento para la ZMCM, dado que en las localidades rurales y aún en las urbanas próximas a los sistemas de abastecimiento de la ZMCM, existe la percepción de que el comprometer las aguas locales, representa una restricción local para el desarrollo futuro.

Además de lo difícil que parece poder recuperar las condiciones ambientales originales, otro problema es la carencia de sistemas de respaldo para las fuentes actuales, por ejemplo, el Sistema Cutzamala requiere urgentemente llevar a cabo su rehabilitación y modernización, ya que en algunos de sus tramos carece de líneas de respaldo y de capacidad hidráulica suficiente para que el sistema funcione a su máxima capacidad.

El riesgo de sufrir escasez de agua es actualmente cuestión de tiempo, mientras no existan fuentes alternas de abastecimiento, pues las medidas de uso eficiente, reuso, recarga artificial e intensificación del aprovechamiento de agua superficial, son todavía insuficientes para recuperar el equilibrio entre la oferta y la demanda de agua.

Las deficiencias de medición y estudios de redes de medición y estudios geohidrológicos, conjugados con la complejidad de los sistemas de abastecimiento, drenaje y saneamiento, resultan en una elevada imprecisión en la comprensión del funcionamiento de los acuíferos, la evolución de su reserva de agua subterránea y de su calidad.  Es evidente que el volumen se agua se agota progresivamente; sin embargo, son necesarios otros elementos técnicos para definir pautas para un manejo estratégico de los acuíferos.

La gran extensión de la ZMCM, la complejidad de su sistema de distribución de agua potable, la antigüedad de gran parte de sus tramos y las deficiencias de mantenimiento así como la conservación diferida de sus componentes, tienen como efecto un elevado índice de fugas, estimado entre 36% y 40%. La recuperación de fugas de agua en las redes de distribución en la ZMCM (se considera posible la recuperación de la mitad de estas fugas), por el volumen que representan, podría significar el no llevar a cabo grandes obras e inversiones para cubrir la insuficiencia de agua.

La complejidad del sistema de distribución coincide en algunas zonas de crecimiento urbano, lo que resulta en zonas de escasez generalizada, donde el agua se obtiene con pipas o a través de tandeos, a través de los cuales circula el agua por las redes un día por semana o menos.  Se estima que la suma del volumen requerido para que dicha población contara con un servicio aceptable, sería de un orden de 8 m³/s.

Si bien, de acuerdo con las cifras del II Conteo 2005 de INEGI, ésta región goza de una cobertura superior al 96% en lo que respecta a agua potable, la realidad es que más del 20% de los habitantes se encuentran expuestos a tandeos y problemas en la calidad del agua.  El medio rural, en contraparte, representa menos del 10% de la población, sin embargo presenta importantes rezagos en cuanto a servicio de agua potable.

Durante más de 20 años ha prevalecido un patrón constante dentro de la región: menos agua para más habitantes.  Las fuentes de abastecimiento se agotan gradualmente, inclusive las importaciones se reducen, mientras que las reservas subterráneas igualmente se agotan sin cesar. Ocurren múltiples controversias: sobreexplotación, grandes pérdidas en redes de distribución, bajas tarifas y un volumen de más de 800 hm³ (25 m3/s) de aguas negras, comprometidas con la agricultura y parcialmente con la presa Zimapán.

El crecimiento demográfico durante el siglo XX, incrementó la población más de 20 veces, hasta concentrar una quinta parte de la población del país, 20.5 millones de habitantes en el año 2005, que para subsistir dependen de un creciente agotamiento de la reserva de agua subterránea y de la importación de agua desde cuencas externas (estos dos componentes alivian el 60% de la demanda de agua potable).

Si bien el crecimiento de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México ha contado con algunas renombradas obras de la Ingeniería reconocidas internacionalmente, estas obras únicamente han aliviado parcialmente la crisis del abastecimiento de agua potable y han reducido los riesgos de inundación, sin que exista un freno determinante a la contaminación de ríos, a la deforestación y a la erosión.

El sistema de desagüe de la Cuenca del Valle de México, expulsa un promedio de 56 m³/s hacia la cuenca del río Tula, que a través de las últimas décadas, dieron lugar a tres proyectos hidroagrícolas que se extienden en más de 80 mil hectáreas agrícolas: los Distritos de Riego 003 Tula, 100 Alfajayucan y 112 Ajacuba.  Es necesario igualmente la mención de otros dos Distritos de Riego que reciben agua de la ZMCM:<088 La Concepción y 088 Chiconautla), además de otras unidades de riego.

Por más de cincuenta años la demanda de agua potable ha enfrentado un progresivo impacto por agotamiento.  Desde principios del siglo XX se confirmó que el excesivo bombeo de agua subterránea en el centro de la Ciudad de México, era la causa de los hundimientos; entonces se relocalizaron los pozos hacia la zona Sur y en los años cuarenta se construyó el Sistema Lerma, que transfirió hasta 16 mil litros por segundo desde los acuíferos del Valle de Toluca, caudal que se redujo progresivamente por los impactos que representaba su extracción, que todavía a la fecha (que se redujo casi cuatro veces) causa efectos negativos.

En los años ochentas inicio la operación del Sistema Cutzamala; entonces el equilibrio entre la oferta y la demanda dentro de la Cuenca, se hizo presente, pero sólo por unos años, pues dicho proyecto fue el último esfuerzo concreto para incrementar la oferta de agua dentro de la cuenca.  Desde entonces el incremento de la población y en consecuencia de la demanda, han prácticamente duplicado la demanda de agua potable, con lo cual el único medio para satisfacer esta necesidad de agua, ha sido sobreexplotar los acuíferos.  Los acuíferos resultan cada vez más importantes en dicho sentido y los riesgos que representa su agotamiento en cantidad y más aún en calidad, no han sido estudiados a detalle.

Durante las últimas tres décadas, la problemática del agua ha crecido y los recursos y esfuerzos destinados a confrontarla, apenas han sido los necesarios para reducir el efecto de emergencias en el abastecimiento, en la calidad, hacer frente a inundaciones y dar un mantenimiento urgente a problemas estructurales puntuales del sistema hidrológico y de drenaje. Otro problema creciente es el riesgo de inundación en zonas urbanas, lo cual se acentúa debido al crecimiento desordenado de la mancha urbana.  La conservación diferida de la infraestructura de drenaje y la capacidad limitada de sus principales conductos, ponen en riesgo de inundación incluso al Zócalo de la Ciudad de México, riesgo acentuado por los hundimientos resultantes de la sobreexplotación de los acuíferos.  La capacidad de regulación de las presas, se ha visto restringida por el asentamiento irregular de personas dentro de los vasos y de los cauces, lo que impide una operación normal, ante el riesgo de afectar a dichos habitantes.

El problema de la insuficiencia de recursos económicos para el sector, es en parte a que el agua no se valora y únicamente ocurren inversiones que se dirigen a la solución de emergencias o a programas estratégicos de visión de corto plazo.  Durante el período 2002 – 2006, por ejemplo, la inversión ejercida para cumplir con las metas, fue en general 3.5 veces menor a la originalmente programada.  La insuficiencia de inversión causa tres principales impactos: sobre la población actual, sobre el ambiente y sus reservas estratégicas de agua e incrementa el índice de conservación diferida (este último incrementa la frecuencia con la cual ocurren fallas en la infraestructura).

La insuficiencia de recursos económicos se justifica tanto por una deficiente valoración económica del agua por parte de los usuarios y corte a usuarios morosos, deficiencias en la capacidad de recaudación y cobranza, fugas en las redes de distribución (el agua que se fuga no se cobra) y en contraparte, esta problemática se ha encontrado por debajo de las prioridades de inversión gubernamental.  Los organismos operadores presentan eficiencias globales próximas al 40%, lo que significa que de cada 1,000 litros producidos, únicamente se cobran 400 litros.

Las deficiencias económicas se concentran en la carencia de recursos destinados a la protección ambiental y una capacidad de pago inferior al costo del suministro del agua, que impide la mejoría en el manejo del agua, en un entorno con necesidades crecientes en cantidad y calidad.

La problemática del sector, tal como se refiere previamente, se encuentra no sólo en sus limitados recursos para realizar proyectos.  Los recursos son tan limitados que apenas son suficientes para sobrellevar la subsistencia institucional, tanto dependencias como comisiones estatales se debilitan día con día, pierden personal, y su capacidad operativa se reduce en comparación con las crecientes necesidades de la sociedad en lo que se refiere al manejo del agua.

Entre los problemas políticos, conviene destacar la adopción del agua como bandera para no incrementar tarifas; la aplicación de subsidios ó descuentos que luego no son compensados a los organismos operadores; la tolerancia a morosos y la aplicación de importantes recursos a obras de infraestructura descuidando las acciones de operación y mantenimiento.

En cuanto a los retos administrativos, se carece de suficiente control de las extracciones, existen vedas que afectan a la población rural, y no existen programas de ordenamiento territorial capaces de frenar el crecimiento de asentamientos humanos en zonas de riesgo, de reserva ecológica y de recarga de acuíferos.

El Programa Hídrico Regional confirma una conclusión fundamental: “La programación de acciones debe responder en principio a fortalecer las instituciones que representan al sector, para que sean capaces de atender las necesidades hídricas con el compromiso de la sociedad, de los gobiernos y de otros sectores”

Mientras esto no ocurra, la capacidad de un manejo estratégico del agua se verá limitada a atender necesidades inmediatas, cada vez más frecuentes y graves, más lejos de un desarrollo sustentable, que por el momento es una distante alternativa que podría alcanzarse en el largo plazo únicamente con una efectiva valoración del agua.

Las acciones propuestas en el Programa Hídrico, aún cuando representan un ritmo de inversión cuatro veces mayor al ejercido en los últimos años (2002 – 2006), son apenas suficientes para frenar lentamente un colapso hidrológico que pone en peligro a la Región del Valle de México, que aún cuando representa menos del 1% de la superficie del país, alberga su capital, concentra una quinta parte de la población nacional y económicamente aporta más del 30% del Producto Interno Bruto. 

Es así que en estos días la planeación hídrica no puede funcionar mediante el análisis exclusivo de acciones para el manejo del agua, es necesario incidir en esquemas sustentables de la actividad humana, ya que ésta ha acelerado un proceso de sobrepoblación, degradación de suelos, desertificación, calentamiento global, un aprovechamiento del agua que llega a exceder la cuota de renovación natural y mediante contaminantes ha degradado la calidad de dicho recurso.

La única opción para un desarrollo sustentable, es lograr una capacidad de organización y compromiso que sólo será posible cuando se consoliden: una valoración del agua, la participación social y de las instituciones, una capacidad técnica capaz de estudiar ágilmente las soluciones requeridas; y un compromiso de la sociedad y de los usuarios del agua.  Esto ha dado lugar a dos importantes conceptos: transversalidad y gestión integrada del recurso hídrico (GIRH); ambos se refieren a la interacción entre distintos sectores, secretarías, dependencias e instituciones, aunque la GIRH, además de la transversalidad institucional, considera que las acciones de la planeación deben contribuir a un beneficio óptimo que considere interrelaciones entre distintos tipos de usuarios, así como con el ecosistema.

Visitas